Las graves consecuencias de la actual crisis económica en España y en Aragón, en forma de desempleo y de serias dificultades para muchas personas y familias, requieren apurar todas las posibilidades de acción pública para afrontarlas de inmediato. El PAR ha señalado estas prioridades desde el primer momento de la actual legislatura, como puede ratificarse en los fines principales del Acuerdo para la Gobernabilidad de Aragón, en los posicionamientos públicos de sus representantes o en las iniciativas que culminaron con la creación del Fondo para la inclusión social y la ayuda familiar urgente y el Fondo para el fomento del empleo y de la competitividad, a través de los presupuestos de la Comunidad Autónoma.

La grave situación económica y social de los últimos años, unida a determinados escándalos e irresponsabilidades, ha desembocado en un creciente descrédito de nuestro sistema institucional y en general, contra el ejercicio de la política. Sin duda, la falta de éxito inmediato en las medidas para impulsar una rápida salida de la recesión y la crisis es un factor principal, junto con otros, de esa pérdida de credibilidad.

Nuestra Comunidad dispone, gracias a sus recursos naturales, de un enorme potencial de desarrollo y empleo a través de la producción y aprovechamiento de la energía. El Partido Aragonés prioriza este sector, junto a otros (el turismo, la innovación, la agroindustria e industria en general, el comercio…) en que podemos ser competitivos no sólo en España o Europa, sino en un mundo globalizado económica y socialmente. Los avances de Aragón en ámbitos como las energías renovables o el hidrógeno durante los últimos años son una muestra evidente de esas posibilidades. Los datos en otros aspectos avalan esa importancia: el sector energético supone el 5% del PIB aragonés y la cuarta parte de la producción industrial. Miles de puestos de trabajo están vinculados directa o indirectamente al mismo. Somos exportadores de energía.

Tal como dice el Estatuto de Autonomía, “las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón constituyen una de las manifestaciones más destacadas del patrimonio histórico y cultural aragonés y un valor social de respeto, convivencia y entendimiento”. Son un rasgo de nuestra identidad y son también esencia de un sentimiento individual, familiar y colectivo. No es una mera cuestión lingüística o filológica.

La flexibilización de los objetivos de déficit máximo para las administraciones públicas, que el Gobierno central ha remitido a la Unión Europea para su aprobación, otorga aún mayor importancia a la defensa de un trato ecuánime y justo hacia todas las comunidades autónomas en esta materia. Esos nuevos objetivos y límites incrementados equivalen a la posibilidad de disponer de más recursos en los presupuestos y por tanto, es exigible que, de alguna forma, se reconozca y no se perjudique a las comunidades que, en estos años, han cumplido con las obligaciones fijadas, gracias al esfuerzo de todos. Es el caso de Aragón.

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