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La defensa de Aragón es el compromiso máximo del
Partido Aragonés desde su fundación. Con errores y aciertos, mi partido ha
ejercido de defensor de esta tierra desde hace 26 años. Ahora, a dos meses
de los comicios electorales, los partidos políticos en Aragón ultiman los
que han de ser sus programas para las generales de marzo. Asuntos como el
modelo de Estado, la reforma de los Estatutos y del Senado, junto a la
financiación autonómica, constituyen sus principales aportaciones. Para el
PAR, una formación política que batalla desde su fundación por conseguir
justicia financiera para Aragón, por abortar la barbaridad del trasvase
del Ebro pretendida por el Gobierno de Aznar y por otros gobiernos, y por
alcanzar el máximo techo competencial que permite la Constitución para
conseguir el pleno desarrollo de esta tierra, resulta difícil dar crédito
a esos compromisos que entiendo, pretenden ahora rentabilizar
electoralmente las reivindicaciones históricas que el PAR lleva reclamando
desde hace 26 años y que, desde entonces los partidos centralistas vienen
impidiendo. Nada llamaría la atención si no fuera por la memoria histórica
de los que contemplamos el pasado político y que nos previene y alerta del
futuro por venir. Los partidos centralistas PP y PSOE intentaron en 1992
con la firma del Pacto Autonómico limitar a determinadas autonomías el
acceso a un mayor nivel competencial. Ese mismo año el Partido Aragonés
lograba calar en la sociedad aragonesa convenciendo del perjuicio
demostrado que para Aragón tenía el proceso autonómico pretendido. El 23
de abril de 1992, bajo el gran paraguas del sentir unitario, las calles de
Zaragoza se llenaron de aragoneses y aragonesas clamando autonomía plena.
Ese mismo año, el 15 de noviembre, miles de aragoneses pedimos a las
puertas del Congreso en Madrid mayor autogobierno y un trato justo por
parte del Estado. Se sucedieron posteriormente otras manifestaciones
impulsadas por el PAR en 1993 y 1994. Posteriormente, y desde 1996, el
Gobierno central en manos del Partido Popular habida cuenta de sus
intereses electorales y rendido por la misma causa a algunas exigencias de
otros grupos políticos, ha olvidado el clamor de Aragón por la justicia
financiera y el acuerdo económico bilateral contemplado en el artículo 48
entre la Administración del Estado y la Comunidad Autónoma de Aragón para
fijar compensaciones económicas. A fecha de hoy así estamos. Sin embargo,
la necesidad del desarrollo de dicho artículo como instrumento útil para
poder acceder a un modelo propio de financiación es indiscutible, y aún
teniéndolo no se nos ha permitido su desarrollo. En este momento, son
siete las Comunidades Autónomas que plantean la reforma estatutaria. Y los
partidos centralistas han tomado buena cuenta de ello. La reforma de los
estatutos figura en los programas de las fuerzas políticas centralistas
que, curiosamente no han permitido a Aragón desarrollar plenamente su
Estatuto. El PAR está y estará vigilante. Así las cosas, estoy convencido
de la necesidad de mantener el proceso evolutivo y de la razón que Aragón
tiene para exigir que se le permita ejecutar al 100% lo que ya posee, es
decir el articulado de su actual Estatuto de Autonomía pudiendo, además,
acceder al máximo techo competencial, irrenunciable para el PAR.
Aragón tiene mucho que reivindicar ante quienes deciden
sobre repartos inversores o sobre el sistema de financiación y el límite
de autogobierno de las Comunidades Autónomas. Resulta imprescindible y de
justicia que se tenga en cuenta el esfuerzo fiscal de Aragón y se atiendan
singularmente los criterios de corresponsabilidad fiscal y solidaridad
interterritorial pese a que algunos lo estén descubriendo ahora. Quiero
recordar que mi partido fue el único que presentó una resolución en el
debate sobre el estado de la comunidad (2001) en la que proponía la
creación de una Comisión Parlamentaria Especial que elaborara una
propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón que nos
permitiera alcanzar la Autonomía Plena que la Constitución reconoce.
Es lamentable que en Aragón los partidos centralistas
pierdan el tiempo debatiendo sobre el Plan Ibarretxe o sobre los proyectos
de Maragall en lugar de preocuparse por hacer cumplir las singularidades
de Aragón que vienen recogidas en nuestro Estatuto. Mientras, el PAR viene
cumpliendo una labor fundamental como partido de centro y aragonesista que
obedece únicamente a los intereses de Aragón. Los partidos centralistas
prefieren mirar hacia otro lado y hacer política siguiendo las pautas que
les marcan sus jefes en Madrid a los que tienen obediencia debida. Si
ahora toca oponerse al trasvase obedecen sin rechistar, si toca defenderlo
a ultranza también. Por eso, ahora más que nunca, Aragón necesita un PAR
fuerte, porque la fuerza del PAR en Aragón será la fuerza de Aragón en
Madrid. Y esa fuerza se gana desde la confianza que estoy convencido
sabrán depositar los ciudadanos en mi partido. Nadie nos dará aquello que
nosotros mismos, desde aquí, no seamos capaces de defender y ganar.
También tengo esa certeza. |