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opinión

Enero-2004. Javier Allué Sus. Vicepresidente del PAR. Diputado en las Cortes de Aragón

EL PAR, GARANTÍA DE ARAGÓN

La defensa de Aragón es el compromiso máximo del Partido Aragonés desde su fundación. Con errores y aciertos, mi partido ha ejercido de defensor de esta tierra desde hace 26 años. Ahora, a dos meses de los comicios electorales, los partidos políticos en Aragón ultiman los que han de ser sus programas para las generales de marzo. Asuntos como el modelo de Estado, la reforma de los Estatutos y del Senado, junto a la financiación autonómica, constituyen sus principales aportaciones. Para el PAR, una formación política que batalla desde su fundación por conseguir justicia financiera para Aragón, por abortar la barbaridad del trasvase del Ebro pretendida por el Gobierno de Aznar y por otros gobiernos, y por alcanzar el máximo techo competencial que permite la Constitución para conseguir el pleno desarrollo de esta tierra, resulta difícil dar crédito a esos compromisos que entiendo, pretenden ahora rentabilizar electoralmente las reivindicaciones históricas que el PAR lleva reclamando desde hace 26 años y que, desde entonces los partidos centralistas vienen impidiendo. Nada llamaría la atención si no fuera por la memoria histórica de los que contemplamos el pasado político y que nos previene y alerta del futuro por venir. Los partidos centralistas PP y PSOE intentaron en 1992 con la firma del Pacto Autonómico limitar a determinadas autonomías el acceso a un mayor nivel competencial. Ese mismo año el Partido Aragonés lograba calar en la sociedad aragonesa convenciendo del perjuicio demostrado que para Aragón tenía el proceso autonómico pretendido. El 23 de abril de 1992, bajo el gran paraguas del sentir unitario, las calles de Zaragoza se llenaron de aragoneses y aragonesas clamando autonomía plena. Ese mismo año, el 15 de noviembre, miles de aragoneses pedimos a las puertas del Congreso en Madrid mayor autogobierno y un trato justo por parte del Estado. Se sucedieron posteriormente otras manifestaciones impulsadas por el PAR en 1993 y 1994. Posteriormente, y desde 1996, el Gobierno central en manos del Partido Popular habida cuenta de sus intereses electorales y rendido por la misma causa a algunas exigencias de otros grupos políticos, ha olvidado el clamor de Aragón por la justicia financiera y el acuerdo económico bilateral contemplado en el artículo 48 entre la Administración del Estado y la Comunidad Autónoma de Aragón para fijar compensaciones económicas. A fecha de hoy así estamos. Sin embargo, la necesidad del desarrollo de dicho artículo como instrumento útil para poder acceder a un modelo propio de financiación es indiscutible, y aún teniéndolo no se nos ha permitido su desarrollo. En este momento, son siete las Comunidades Autónomas que plantean la reforma estatutaria. Y los partidos centralistas han tomado buena cuenta de ello. La reforma de los estatutos figura en los programas de las fuerzas políticas centralistas que, curiosamente no han permitido a Aragón desarrollar plenamente su Estatuto. El PAR está y estará vigilante. Así las cosas, estoy convencido de la necesidad de mantener el proceso evolutivo y de la razón que Aragón tiene para exigir que se le permita ejecutar al 100% lo que ya posee, es decir el articulado de su actual Estatuto de Autonomía pudiendo, además, acceder al máximo techo competencial, irrenunciable para el PAR.

Aragón tiene mucho que reivindicar ante quienes deciden sobre repartos inversores o sobre el sistema de financiación y el límite de autogobierno de las Comunidades Autónomas. Resulta imprescindible y de justicia que se tenga en cuenta el esfuerzo fiscal de Aragón y se atiendan singularmente los criterios de corresponsabilidad fiscal y solidaridad interterritorial pese a que algunos lo estén descubriendo ahora. Quiero recordar que mi partido fue el único que presentó una resolución en el debate sobre el estado de la comunidad (2001) en la que proponía la creación de una Comisión Parlamentaria Especial que elaborara una propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón que nos permitiera alcanzar la Autonomía Plena que la Constitución reconoce.

Es lamentable que en Aragón los partidos centralistas pierdan el tiempo debatiendo sobre el Plan Ibarretxe o sobre los proyectos de Maragall en lugar de preocuparse por hacer cumplir las singularidades de Aragón que vienen recogidas en nuestro Estatuto. Mientras, el PAR viene cumpliendo una labor fundamental como partido de centro y aragonesista que obedece únicamente a los intereses de Aragón. Los partidos centralistas prefieren mirar hacia otro lado y hacer política siguiendo las pautas que les marcan sus jefes en Madrid a los que tienen obediencia debida. Si ahora toca oponerse al trasvase obedecen sin rechistar, si toca defenderlo a ultranza también. Por eso, ahora más que nunca, Aragón necesita un PAR fuerte, porque la fuerza del PAR en Aragón será la fuerza de Aragón en Madrid. Y esa fuerza se gana desde la confianza que estoy convencido sabrán depositar los ciudadanos en mi partido. Nadie nos dará aquello que nosotros mismos, desde aquí, no seamos capaces de defender y ganar. También tengo esa certeza.

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