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La Operación Romareda, un asunto de vital importancia
para Zaragoza como clara apuesta de modelo de ciudad y nuevo escenario
deportivo, merecía mayores dosis de encuentro político y social hacia el
objetivo común que debería ser el ciudadano y la ciudad. El equipo de
Gobierno municipal, PSOE-CHA se ha venido desmintiendo y contradiciendo
mutuamente, quizás en un intento de capitalizar, cada uno por su lado,
protagonismo político por interés partidista. Así las cosas, Mientras el
alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, por ejemplo, insistía en que
habrá acuerdos para hacer pisos libres en algunas zonas de la ciudad
como Valdespartera, CHA le desmentía en su página web.
Desde mi partido, el PAR, ya hemos dicho incansablemente que en la
Operación Romareda era fundamental aplicar el sentido común y no se ha
aplicado. Queríamos un campo de fútbol para Zaragoza de la categoría que
Zaragoza merece, fuera de su actual entorno y accesible a los
aficionados. Reiteramos nuestro rechazo a la barbaridad que supone que
el mayor equipamiento deportivo de Zaragoza se construya en la misma
ubicación que el actual. Su cercanía al Hospital Miguel Servet y en el
entorno del Clínico y el Militar lo desaconsejan razonablemente. Si
actualmente está donde está, y crea los problemas que crea a ingresados,
ambulancias, visitantes, y ciudadanos en general, sorprende de manera
desagradable e indignante que se vaya a acercar aún más al mayor centro
hospitalario de la ciudad junto a la construcción de una zona comercial
con la que Gaspar quiere pagar la remodelación.
El informe emitido por Protección Civil desaconseja el proyecto. Como
señalaba recientemente el presidente del PAR y vicepresidente del
Gobierno de Aragón, José Ángel Biel, “está cargado de razones por
las complicaciones que supondría hacer un nuevo campo en esa ubicación
ante una situación grave de protección civil”. Mientras tanto,
el teniente de alcalde de Urbanismo, Antonio Gaspar, dice que si no se
autoriza la construcción de los dos rascacielos que habrán de financiar
la operación, el nuevo campo no se construirá. Su radical postura, al
negar una nueva edificación si la DGA impide la modificación del PGOU
para añadir una zona comercial, supone un claro “chantaje” a la ciudad y
niega la posibilidad de buscar los puntos de encuentro necesarios para
llegar a convenir una mejor ubicación.
Entiendo que la operación Romareda en su conjunto requería de un alto
consenso social y político del que no ha gozado. Se ha primado el
interés político frente a los intereses de la ciudad. Ni siquiera el
Real Zaragoza está de acuerdo con la decisión adoptada, ni el Colegio
Oficial de Arquitectos que se pronunciaba al respecto rechazando de
lleno el proyecto oficial de reconstrucción del recinto deportivo en su
actual situación.
Estoy convencido de que el nuevo campo de fútbol debería haber sido una
fuerte apuesta de desarrollo de la ciudad y no lo es, de la necesidad de
amplio consenso que debería haber existido en un proyecto de tal
envergadura, y de que Zaragoza necesita un nuevo estadio de primera, en
otro emplazamiento. Tristemente, mi convencimiento me hace concluir que
el proyecto Romareda es el peor de los posibles. No me cabe duda. |