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Por primera vez un partido, el Partido Popular, se
presenta ante los aragoneses con el trasvase del Ebro en su programa
electoral. El año dos mil ese mismo partido propuso llevar a cabo el
Plan Hidrológico Nacional, pero ocultó en todo momento que ese proyecto
incluía trasvasar agua del Ebro a otras cuencas.
Ahora llevamos ya tres años con el trasvase del Ebro encima de la mesa.
Miles de aragoneses nos hemos manifestado en la calle muchas veces y los
dirigentes más diversos del Partido Popular han esgrimido con orgullo su
iniciativa de llevar agua a Levante y Murcia. Tan satisfechos están de
su Plan Hidrológico Nacional que han llegado a colocar a la Ministra de
Medio Ambiente, Elvira Rodríguez, como cabeza de lista electoral por la
circunscripción de Murcia. En otras palabras, esperan sacar miles de
votos en Castellón, Valencia, Alicante, Murcia y Almería a cuenta del
agua prometida, mientras aquí confían en que las primeras piedras y los
miles de millones anunciados para supuestas inversiones que luego no se
ven sirvan para que sus votantes aragoneses les perdonen el pecadillo
del trasvase.
El PAR lleva treinta años diciendo que en Aragón no sobra agua, sino que
faltan inversiones y que, por eso, trasvasar el agua del Ebro a otras
zonas más ricas es una enorme injusticia y una hipoteca inmensa sobre
nuestro futuro y el de nuestros hijos. Somos el único partido que
siempre ha dicho no al trasvase. Lo dijimos al principio de los setenta,
luego en los primeros años noventa y, más recientemente, a partir del
año dos mil. De nosotros nadie puede dudar en este tema: siempre hemos
dado la cara por los intereses de los aragoneses, a costa incluso de que
nos hayan insultado, como agraristas, botijeros, cachiruleros o
insolidarios.
En las próximas elecciones los votantes aragoneses van a decirnos con
claridad hasta qué punto se oponen al trasvase y, también, en qué medida
valoran como buena la actitud del Partido Popular con Aragón. Si los
resultados electorales no coinciden con lo que durante estos tres años
hemos visto en las calles y en los medios de comunicación, todos
estaremos obligados a repensar nuestra posición y nuestras conductas.
Los partidos defendemos nuestras convicciones, pero también nos debemos
a la sociedad de la que procedemos. Más aún, en el caso del PAR, porque
nuestra opción territorial es clarísima.
Por tanto, en la próxima campaña electoral mi partido va a hablar muy
claro sobre lo que han sido los cuatro últimos años en Aragón y en
España. No vamos a negar que ha sido un ciclo de crecimiento económico
bastante sostenido, pero dejaremos claro que esta Comunidad ha sido una
de las que menos se ha beneficiado de la política territorial del
Partido Popular. Aquí han puesto primeras piedras y repetido muchas
veces las promesas de inversiones millonarias, pero, con la excepción
del AVE (y ya se sabe que sólo a medio gas), se han concretado muy pocas
realidades.
Ya tiene difícil explicación que pusieran el trasvase del Ebro encima de
la mesa sólo tres meses después de las anteriores Elecciones Generales.
Cabe pensar que lo tenían previsto y se lo callaron. Con ese silencio
merecieron la confianza de la mayoría de la población aragonesa. Y esos
miles de votos bienintencionados fueron usados después para aprobar en
las Cortes Generales la Ley del Plan Hidrológico Nacional. Es decir,
muchos aragoneses que quieren a su tierra, que creen imprescindible que
el agua se aproveche aquí, han visto estos años cómo el Partido Popular
usaba su confianza en las urnas, su voto, para traicionar sus
convicciones.
Ahora es el momento de que esas personas nos digan a los partidos cómo
quieren que nos comportemos en el futuro. Si quien ha hecho del trasvase
del Ebro su principal relación con los aragoneses, a costa incluso de
despreciarlos, recibe ahora una confianza similar a la de hace cuatro
años o, en todo caso, suficiente para ser el partido más votado, el
Partido Popular estará en su derecho de culminar esa obra faraónica que
pone en peligro el futuro de Aragón. Y los demás partidos deberemos
sacar nuestras propias conclusiones.
El trasvase del Ebro sólo se para en las Cortes Generales. En la Unión
Europea podemos conseguir que no haya financiación comunitaria para esas
obras o que se dificulte y retrase su ejecución por irregularidades
medio ambientales. Pero la decisión de trasvasar corresponde al ámbito
español y, por tanto, únicamente cabe modificarla mediante la derogación
de la Ley actual o con un cambio legal adecuado. Y eso corresponde al
Congreso y al Senado. En consecuencia, el voto de cada aragonés el
próximo mes de marzo será un sí o un no a esa Ley del Plan Hidrológico
Nacional que incluye el trasvase del Ebro a Levante, Murcia y Almería.
En democracia todos tenemos nuestra responsabilidad. Los políticos
cuando tomamos decisiones que pueden ser erróneas o injustas. Los
ciudadanos cuando participan en la vida política y social, especialmente
cuando deciden con su voto entre las diversas propuestas que hacemos los
partidos. A los aragoneses corresponde decirnos de forma clara y
contundente qué les parece nuestra conducta estos cuatro últimos años y
qué desean que sigamos haciendo en la próxima legislatura. Como
Presidente del PAR, espero que ese grito unánime de miles de aragoneses
contra el trasvase y a favor de Aragón deje claro en las urnas que ni
queremos este trasvase ni tampoco ningún otro que se le pueda ocurrir a
algún partido en el futuro.
Muchos de nosotros sabemos el valor que tiene una gota de agua en
nuestra Comunidad. Ahora que todo el mundo celebra la certeza de que hay
hielo en Marte, a todos nos parece mucho más trascendente el valor del
agua, su capacidad para explicar la vida y asegurar el futuro. Para
quienes queremos que nuestros hijos tengan oportunidades aquí, que
Aragón olvide la emigración, el Ebro simboliza esa esperanza de un
Aragón con dos millones de habitantes distribuidos a lo largo del
territorio, por tanto equilibrado y con calidad de vida para todos.
José Ángel Biel Rivera
Presidente del PAR y Vicepresidente del Gobierno de Aragón
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