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La convergencia de la economía aragonesa y la europea
es ya una realidad irrefutable. Nuestra economía lleva varios años
acumulando una tasa de crecimiento sostenido que nos coloca por encima
del valor de renta media europea, si bien ésta se ha visto distorsionada
por las últimas incorporaciones a la Unión Europea.
Actualmente somos la comunidad autónoma con menor tasa de paro y la que
mayor descenso en el número de inscritos en las oficinas de empleo ha
experimentado durante el último año. Los aragoneses tenemos un poder de
compra varios puntos superior a la media del país lo que nos permite
tener una buena situación para invertir.
Nuestro crecimiento durante el año pasado fue del 2,78% según el último
informe de la Fundación de Cajas de Ahorro Confederadas, un punto por
encima de la media de la UE, pero cinco centésimas por debajo de la
media nacional.
Hace pocas semanas la Fundación Economía Aragonesa mostraba como año
tras año se han reducido las diferencias entre comarcas logrando un
mayor equilibrio del territorio. La comarcalización, el desarrollo del
turismo de interior y la decidida apuesta del Gobierno de Aragón por
crear polos de desarrollo económico alternativos a Zaragoza (Dinópolis,
Walqa, Platea u Hospederías) han comenzado a dar sus frutos.
Con estos datos cabría pensar que podemos estar satisfechos, pero lo
cierto es que en los últimos días hemos podido observar ciertos
indicadores que hacen mantener alta la guardia.
Desde el Partido Aragonés, hay dos asuntos que vemos con especial
preocupación porque pueden ser un importante lastre para nuestro
desarrollo. Dos asuntos por los que los aragoneses trabajamos desde hace
décadas pero que siguen sin resolverse por dejación de los sucesivos
gobiernos centrales. En Aragón tenemos magníficas empresas, grandes
talentos, una inmejorable situación estratégica, capacidad energética,
un amplio territorio, recursos naturales y un alto grado de acuerdo
social, pero nuestro futuro pasa en gran parte por mejorar nuestras
comunicaciones y poder aprovechar el agua, uno de nuestros recursos más
preciados.
Este año estamos padeciendo una gran sequía, sin precedentes en el
último medio siglo, pero que evidencia que nuestras reservas
estratégicas están en un precario estado. El agua es importante para la
agricultura pero también para la industria y sobretodo para la
supervivencia del ser humano. Un año más tenemos que ver con impotencia
como varios pueblos reciben el agua de boca mediante camiones cisterna,
como se malogran las cosechas y como repercute en todo el ciclo
económico. En estas condiciones es difícil atraer empresas que necesiten
agua para sus ciclos productivos.
La segunda preocupación para el Partido Aragonés es las comunicaciones y
en especial las conexiones con Francia. Tras años de tibieza en las
declaraciones de los sucesivos gobiernos españoles y franceses, ahora
vemos con honda preocupación como desde Europa se empiezan a estudiar
alternativas en los pasos fronterizos a la opción que se defiende sin
éxito desde Aragón.
La propuesta de conexión ferroviaria y carretera entre España y Francia
a través de Port Bou y el alto respaldo institucional y empresarial con
el que parte la iniciativa, puede hacer peligrar nuestro objetivo de
crear esa Travesía Central del Pirineo a través del Vignemale. La
competencia es fuerte porque ya conocemos la capacidad de influencia que
tienen nuestros vecinos catalanes. Es cierto que la revisión de las
redes transeuropeas y su financiación no se revisarán hasta dentro de
cinco años, pero para entonces la opción aragonesa debe ser lo
suficientemente sólida para evitar el mínimo riesgo porque es muy
complicado que la UE respalde las dos iniciativas.
En estos momentos hay un compromiso hispano francés con esta vía,
adquirido en la cumbre de Zaragoza, pero los largos plazos, la amarga
experiencia de sucesivos desplantes con el Canfranc y el manifiesto
desinterés por parte del gobierno galo de mejorar la carretera al otro
lado del Somport, nos hacen ser, al menos, recelosos.
El futuro de nuestras empresas, del turismo, de proyectos como Plaza se
juega, en gran parte, en las futuras conexiones con Francia. Tenemos un
gran mercado nacional en 300 kilómetros a la redonda, pero también
tenemos una pared que nos divide de Europa.
Es necesario que la sociedad aragonesa tome conciencia de lo mucho que
nos jugamos en esa baza, al menos, tanto como en la afortunada
derogación del trasvase del Ebro. Mejorar los pasos fronterizos con
Francia debe ser una razón de Estado para Aragón en la que tenemos que
apostar fuerte, mostrar unidad y, como último recurso, movilizarnos si
Madrid y París no empiezan a dar pasos firmes en la mejora de los pasos
fronterizos entre Aragón y Europa.