Desde el día 25 los aragoneses podemos disfrutar del
rehabilitado y recuperado Monasterio de Rueda. Esta obra felizmente
culminada tras trece años de trabajos me parece un símbolo de lo que es y
ha sido la autonomía para esta Comunidad. Sin el Gobierno de Aragón, Rueda
no tendría ahora el esplendoroso presente que todos contemplamos
sorprendidos. Con este y otros proyectos, entre ellos Dinópolis, Walqa o
Plaza por citar uno de cada capital, la autonomía ha mejorado la vida de
los aragoneses, sus oportunidades de futuro.
Quienes
dudan de que la autonomía beneficie a Aragón ven con estos hechos que
gobernar desde aquí es útil para los aragoneses. Podría añadir que, sin
las instituciones autonómicas, ni en los años noventa ni en los tres
últimos habríamos podido hacer frente al trasvase del Ebro y, de momento,
pararlo. En el PAR sabemos bien que, por lo limitado de nuestra autonomía,
a veces no hemos podido atender peticiones o expectativas de nuestra
sociedad. Por ejemplo, cuando gobiernos vecinos han ofrecido unas ventajas
fiscales de las que aquí hemos carecido.
La autonomía no es el bálsamo de Fierabras, pero tampoco la caja de
Pandora. Ni asegura la solución de todos los problemas, ni esconde
peligros infinitos tras sus aparentes ventajas. Sencillamente, permite
decidir desde Aragón. A veces, con recursos muy escasos y en clara
situación de desventaja. Por tanto, no se le puede pedir milagros. Aún
así, con inversiones muy ajustadas hemos realizado proyectos que en otras
comunidades han costado muchos más millones. En Rueda se han invertido
1600 millones con resultados difícilmente mejorables por la calidad de la
conservación y la riqueza patrimonial del conjunto.
Ahora que todos parecemos empeñados en recuperar nuestra autoestima, esta
realidad de que la autonomía quizá no haya dado a los aragoneses todo lo
que esperábamos pero sí que ha mejorado mucho su vida debe servir para
querernos un poco más a nosotros mismos y, por tanto, para apostar con
convicción por Aragón. Nuestro eslogan electoral invita a confiar en lo
que podemos hacer desde aquí, a cambiar esa tendencia de mirar hacia
Madrid o Bruselas y de valorar más lo de fuera que lo que tenemos aquí.
En estos años de autonomía limitada hemos avanzado mucho y, si logramos
igualarla con las comunidades de nuestro entorno, progresaremos mucho más.
En la próxima legislatura Aragón va a vivir un relanzamiento económico,
social y poblacional. Si en los dos últimos años se ha visto negativamente
afectado por las dificultades de General Motors, en los próximos se
beneficiará de la recuperación de quien ha sido el motor de Aragón y, a la
vez, de una diversificación industrial que simbolizan Rueda, Walqa,
Dinópolis y Pla-za. No busco prometer lo que quizá no se cumpla, pero la
propia celebración de la Expo 2008 nos permitirá modernizar
infraestructuras básicas, ya muy impulsadas con el Tren de Alta Velocidad.
En esta campaña no faltará quien use el desencanto y la crítica para
buscar el voto. Que nadie espere eso del PAR. Nuestra propuesta es
claramente positiva, sin renunciar a la reivindicación y a la exigencia de
lo que consideremos justo, pero con una apuesta firme por tomar decisiones
que permitan avanzar a la mayoría de los aragoneses. La pasividad o la
crítica sistemática quizá valga para otros, pero en el PAR no estamos por
la sumisión a quienes dirigen esta Comunidad desde Madrid ni por vivir el
futuro desde la depresión y el no permanente. Queremos que Aragón decida,
que los aragoneses sepan que el futuro está en sus manos y, por tanto, que
apuesten por su futuro y por hacerlo desde aquí cada día. Incluso, como en
el caso del Monasterio de Rueda, poniendo en valor un pasado de siglos.