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A nivel mundial, la introducción de especies exóticas
es considerada como la segunda amenaza para la conservación de la
biodiversidad, después de la destrucción del hábitat. De hecho, se estima
que la tercera parte de las especies animales extinguidas en los últimos
400 años han desaparecido por esta causa, ya sea directamente, o a través
de afecciones indirectas.
En el caso del mejillón cebra, su llegada a las aguas del Ebro plantea
problemas ecológicos: su presencia amenaza con cambiar el propio río y
hacer desaparecer de él algunos moluscos en peligro de extinción como
Margaritífera auricularia. A esos problemas ecológicos hay que añadir
las consecuencias negativas también desde un punto de vista
socioeconómico, potencialmente no menos importantes.
Los daños provocados por la proliferación del mejillón cebra se han
demostrado muy importantes en el episodio histórico más reciente de
expansión de la especie, que ha tenido lugar de forma masiva en
Norteamérica. Detectado allí por primera vez en los Grandes Lagos en 1985,
el mejillón cebra ha colonizado la mitad este del continente en sólo diez
años, causando daños calculados en más de un billón de dólares. En estos
estados norteamericanos, la invasión ha sido rápida e imparable, a pesar
de todos los esfuerzos realizados.
Los daños más importantes se producen porque el crecimiento descontrolado
de las poblaciones puede llegar a la obturar las tuberías de refrigeración
de centrales térmicas, de abastecimiento, de riegos, así como válvulas,
aliviaderos y esclusas de presas, entre otros. Esto supone unas
inversiones cuantiosas en la instalación y mantenimiento de barreras anti
mejillón, y sobre todo anti larvas de mejillón). Las operaciones
periódicas de limpieza y/o sustitución de los elementos dañados se
convierte en un fuerte gravamen económico, además de una molestia, un peor
servicio y un riesgo añadido para los usuarios.
Pero antes de alcanzar Norteamérica, la especie se había ido extendiendo
por Europa central desde finales del siglo XVIII desde su lugar de origen
-los Balcanes (Mar Caspio y río Ural)-, hacia el Atlántico, el Mar del
Norte y el Báltico (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Irlanda, Italia, Europa
oriental)
Y el modo de llevar a cabo esta expansión fue a través de los sistemas de
canales y del trasiego de embarcaciones. El trasvase de aguas infestadas
por mejillón cebra hacia otras aguas que no lo están implica la
colonización casi inmediata de estas aguas y la aparición rápida de los
graves problemas económicos y ecológicos que la especie ocasiona.
Dada la estrategia reproductora de la especie, que disemina numerosas
larvas microscópicas que se desplazan a favor de la corriente en busca de
nuevos lugares que colonizar, resulta literalmente imposible detener su
avance aguas abajo.
Por ello, ahora que el mejillón cebra ha llegado al Ebro (su presencia se
descubrió en el embalse de Ribarroja en septiembre de 2001), toda la
experiencia y conocimientos acumulados sobre la especie pronostican que su
difusión aguas abajo resultará un fenómeno imparable. Ante esta realidad,
detraer agua del Ebro para trasvasarla al arco mediterráneo significará
exportar el mejillón cebra a todo él; se le estará dando un medio de
expansión inmejorable para colonizar los nuevos territorios a los que
llegue el agua trasvasada y provocar allí todos los problemas ecológicos y
socioeconómicos que la especie ha causado en otros lugares y ya está
empezando a causar en el propio Ebro. Esta realidad ha de ser conocida y
tomada en consideración, contabilizando entre los impactos negativos tanto
ambientales como socioeconómicos las consecuencias de la extensión de esta
auténtica plaga.
Porque además de ser imposible de frenar su expansión, por más barreras
que indudablemente se habrían de colocar en la captación del trasvase,
esta especie cumple a la perfección el axioma de que, en términos
generales, la erradicación de las especies introducidas suele llegar a
resultar materialmente imposible. Este desde luego es el caso del mejillón
cebra, tal como la experiencia ha demostrado.
Estas consideraciones, basadas en criterios ecológicos, de calidad
ambiental, y socioeconómicos, son una llamada a la prudencia y a la
acción. Es menester cerrar el paso a las especies invasoras (el trasvase
podría ser también el vehículo para expandir otras), sobre todo no
facilitándoles vías de paso y comunicación. El trasvase sería el mejor
puente de plata para el mejillón cebra, y el mayor error que podríamos
cometer.
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