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opinión

28-4-2003. Alfredo Boné. Secretario de Comunicación del PAR

EL MEJILLÓN CEBRA Y EL TRASVASE

A nivel mundial, la introducción de especies exóticas es considerada como la segunda amenaza para la conservación de la biodiversidad, después de la destrucción del hábitat. De hecho, se estima que la tercera parte de las especies animales extinguidas en los últimos 400 años han desaparecido por esta causa, ya sea directamente, o a través de afecciones indirectas.

En el caso del mejillón cebra, su llegada a las aguas del Ebro plantea problemas ecológicos: su presencia amenaza con cambiar el propio río y hacer desaparecer de él algunos moluscos en peligro de extinción como Margaritífera auricularia. A esos problemas ecológicos hay que añadir las consecuencias negativas también desde un punto de vista socioeconómico, potencialmente no menos importantes.

Los daños provocados por la proliferación del mejillón cebra se han demostrado muy importantes en el episodio histórico más reciente de expansión de la especie, que ha tenido lugar de forma masiva en Norteamérica. Detectado allí por primera vez en los Grandes Lagos en 1985, el mejillón cebra ha colonizado la mitad este del continente en sólo diez años, causando daños calculados en más de un billón de dólares. En estos estados norteamericanos, la invasión ha sido rápida e imparable, a pesar de todos los esfuerzos realizados.

Los daños más importantes se producen porque el crecimiento descontrolado de las poblaciones puede llegar a la obturar las tuberías de refrigeración de centrales térmicas, de abastecimiento, de riegos, así como válvulas, aliviaderos y esclusas de presas, entre otros. Esto supone unas inversiones cuantiosas en la instalación y mantenimiento de barreras anti mejillón, y sobre todo anti larvas de mejillón). Las operaciones periódicas de limpieza y/o sustitución de los elementos dañados se convierte en un fuerte gravamen económico, además de una molestia, un peor servicio y un riesgo añadido para los usuarios.

Pero antes de alcanzar Norteamérica, la especie se había ido extendiendo por Europa central desde finales del siglo XVIII desde su lugar de origen -los Balcanes (Mar Caspio y río Ural)-, hacia el Atlántico, el Mar del Norte y el Báltico (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Irlanda, Italia, Europa oriental)

Y el modo de llevar a cabo esta expansión fue a través de los sistemas de canales y del trasiego de embarcaciones. El trasvase de aguas infestadas por mejillón cebra hacia otras aguas que no lo están implica la colonización casi inmediata de estas aguas y la aparición rápida de los graves problemas económicos y ecológicos que la especie ocasiona.



Dada la estrategia reproductora de la especie, que disemina numerosas larvas microscópicas que se desplazan a favor de la corriente en busca de nuevos lugares que colonizar, resulta literalmente imposible detener su avance aguas abajo.

Por ello, ahora que el mejillón cebra ha llegado al Ebro (su presencia se descubrió en el embalse de Ribarroja en septiembre de 2001), toda la experiencia y conocimientos acumulados sobre la especie pronostican que su difusión aguas abajo resultará un fenómeno imparable. Ante esta realidad, detraer agua del Ebro para trasvasarla al arco mediterráneo significará exportar el mejillón cebra a todo él; se le estará dando un medio de expansión inmejorable para colonizar los nuevos territorios a los que llegue el agua trasvasada y provocar allí todos los problemas ecológicos y socioeconómicos que la especie ha causado en otros lugares y ya está empezando a causar en el propio Ebro. Esta realidad ha de ser conocida y tomada en consideración, contabilizando entre los impactos negativos tanto ambientales como socioeconómicos las consecuencias de la extensión de esta auténtica plaga.

Porque además de ser imposible de frenar su expansión, por más barreras que indudablemente se habrían de colocar en la captación del trasvase, esta especie cumple a la perfección el axioma de que, en términos generales, la erradicación de las especies introducidas suele llegar a resultar materialmente imposible. Este desde luego es el caso del mejillón cebra, tal como la experiencia ha demostrado.

Estas consideraciones, basadas en criterios ecológicos, de calidad ambiental, y socioeconómicos, son una llamada a la prudencia y a la acción. Es menester cerrar el paso a las especies invasoras (el trasvase podría ser también el vehículo para expandir otras), sobre todo no facilitándoles vías de paso y comunicación. El trasvase sería el mejor puente de plata para el mejillón cebra, y el mayor error que podríamos cometer.

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