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Desgraciadamente, en los últimos días hemos tenido que
soportar opiniones interesadas que pretenden justificar el trasvase con la
crecida del río Ebro. El ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, se ha
llenado de “gloria” al reiterar que “nadie puede negar el agua al resto de
España cuando sobra”. Semejantes declaraciones han provocado el sonrojo,
la indignación, e incluso la ira, de los alcaldes de las localidades
afectadas que han acusado al PP y sus dirigentes de aprovechar las
inundaciones para hacer defensa a ultranza del trasvase. Han declarado
sentirse humillados e insultados. Yo también, como aragonés y como
político. Mientras tanto, la consejera de Agricultura, Pesca y
Alimentación de la Generalitat Valenciana, María Ángeles Ramón-Llin, se
adelantaba al ministro afirmando el pasado lunes que la crecida "es un
exponente de que sobra agua". Queda claro que, entre su desafortunada
frase y la no más afortunada del ministro, llegamos fácilmente a una
errática conclusión. Si sobra agua (declaraciones de Ramón-Llin), sería
insolidario negarla (declaraciones del ministro). Lo han "clavao". Qué
manera tan interesadamente partidista de aprovecharse de las inundaciones
para influir a favor del trasvase. Y qué descaro. Aquí no sobra agua,
faltan inversiones. Y lo saben.
Me parece oportunista, insensible e inmoral, que se
quiera influir en la opinión pública premeditada e improcedentemente a
costa de una “riada” que ha producido en Aragón efectos devastadores y que
no es en ningún caso demostración, como irracionalmente quieren hacer
creer, de que en nuestra cuenca existen excedentes. Y si no, que nos
expliquen cómo en pocos meses el río Ebro ha podido pasar de tener un
caudal miserable a una crecida catastrófica. Una semana después, todavía
permanecen cortadas al tráfico algunas vías zaragozanas, varias
poblaciones siguen sin agua, y los escolares de Pradilla tienen que
trasladarse diariamente al colegio de Tauste para no perder clases hasta
que su escuela esté en condiciones de habitabilidad.
Las inundaciones provocadas en ningún caso deberían ser
objeto de demagogia barata, y aquellos que la practican están descubriendo
su cara más oculta. Conseguir a costa de quien sea y de cómo sea el
objetivo marcado, en esta ocasión el trasvase, no es de recibo ni ética ni
políticamente.
¡Pues claro que el agua de la riada se irá al mar!.
Como las gotas frías que devastan el Levante. Queda claro pues, que la
regulación es necesaria. Los hechos evidencian que si el Pacto del Agua se
hubiera ejecutado ya, como viene reclamando el PAR desde 1992, las cosas
hubieran sido bien distintas. Ni habría sequías estivales como las que
soportamos, ni tragedias como la que nos ocupa y que lamentamos
profundamente.
Reclamamos la regulación de nuestros propios recursos
hídricos. Y nos oponemos con la máxima energía y fuerza política de la que
disponemos a la ejecución del trasvase. Por cierto que, un informe técnico
de la Unión Europea desestima la transferencia de aguas del Ebro por su
tremendo coste. Un nuevo impedimento que se añade a otros y a las quejas
que se están elevando a Bruselas y que en definitiva, es quien debe juzgar
la bondad del plan antes de financiarlo. Afortunadamente lo del "paseo
militar" se debilita cada vez más. Quizás por eso los defensores del
trasvase se agarran a un clavo ardiendo para intentar sacar adelante su
"bárbara" Ley. Aunque sea de esta manera tan ofensiva y deplorable.
Así las cosas, cuando existen en Aragón más de 35
municipios afectados por la crecida - con cuyos alcaldes ya se han reunido
el presidente del Partido Aragonés y vicepresidente del Gobierno de
Aragón, José Ángel Biel y el consejero de Medio Ambiente, Alfredo Boné
(PAR)- que no nos vengan con oportunismos faltos de la más mínima
sensibilidad presionando a favor del trasvase, que ya tenemos bastante.
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