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Jaca habrá de esperar cuatro años más. Esa es la
principal conclusión que cabe extraer de la decisión adoptada por el
Comité Olímpico Internacional el pasado 28 de agosto. Al menos para la
inmensa mayoría de la población, que sigue creyendo en el Pirineo aragonés
y en sus posibilidades como territorio anfitrión de unos Juegos de
invierno: los que todavía no ha tenido España.
Será en el 2014, o tal vez en el 2018, pero los
Pirineos, una de las cordilleras alpinas más importantes del mundo, serán
sin duda el escenario de unos Juegos Olímpicos. Como saben muy bien los
alpinistas, para conquistar una cima es menester paciencia, perseverancia
y una estrategia de ataque que pasa por montar varios campamentos previos:
Jaca instaló un sólido campo-base con el proyecto del 98; un segundo
campamento, con el del 2002, y ha hecho de éste último, de Jaca 2010, un
muy digno campo III desde el que muy bien tratar de coronar en el próximo
intento. Más larga fue desde luego la senda que hubo de ascender
Barcelona, y hoy, a los diez años de aquel feliz acontecimiento,
continuamos celebrando su recuerdo y disfrutando de su herencia en todos
los órdenes. Jaca 2010 basó su discurso en una doble
estrategia que sigue siendo válida para el 2014: devolver los Juegos al
corazón de la montaña lo que supone apostar por fórmulas sostenibles de
desarrollo que ya demostraron sobradamente su viabilidad y su éxito en
Lillehamer y, por otro lado, hacer del proyecto olímpico un acelerador de
infraestructuras y equipamientos que, tanto con Juegos como sin éstos,
necesita urgentemente el Pirineo aragonés para afrontar su desarrollo de
los próximos años. Un Pirineo que, gracias al incremento de la movilidad
que el AVE va a suponer, se verá convertido prácticamente en espacio
periurbano de las principales aglomeraciones metropolitanas españolas, ahí
donde tiene su origen el grueso de los flujos turísticos españoles. Y esa
situación hay que preverla, gestionarla con sentido de la anticipación, y
no esconder la cabeza debajo del ala de la melancolía, del nihilismo
paralizante o del regreso a una Arcadia feliz que no existe y que con toda
seguridad nunca existió pero en nombre de la cual unos pocos pretenden
cortarnos a todos las alas del futuro Para el 2014 habrá
mejorado con toda seguridad el mapa de nuestras infraestructuras
carreteras y ferroviarias, así como nuestro parque de alojamientos de las
primeras categorías (con la conversión del Balneario de Panticosa en un
importante resort turístico, la rehabilitación de la Estación de Canfranc,
la del Seminario de Jaca, etc.). Y para esa fecha el Comité Olímpico
Internacional, que en la sesión de febrero en Salt Lake City apostaba por
devolver los Juegos de invierno al territorio, a la esencia misma de la
montaña, su escenografía natural los de verano, por el contrario, han
estado, están y estarán vinculados totalmente a una ciudad, habrá tenido
tiempo de trasladar a su baremo de selección esos buenos propósitos
formulados por el Presidente Rogge pero que el 28 de agosto permanecían
todavía en el plano de los conceptos.
Tampoco podemos olvidar lo que Jaca 2010 ha
representando para el deporte español, y más concretamente para las
disciplinas de invierno, tan necesitadas de actuaciones de urgencia como
el desdoblamiento federativo o la puesta en marcha de un proyecto de
formación de atletas de alta competición, tanto en nieve como en hielo.
Gracias a Jaca 2010, el Centro de Alto Rendimiento impulsado por el
Consejo Superior de Deportes, y al que el Gobierno de Aragón brindará todo
su apoyo, están hoy más cerca de ser una realidad. Pero
por encima de todo, si algo ha logrado Jaca 2010 ha sido dar forma a una
gran ilusión colectiva, vertebrando los esfuerzos de la sociedad aragonesa
toda. Desde el Gobierno de Aragón, la Diputación Provincial de Huesca y el
Ayuntamiento de Jaca, que patrocinan la Fundación Jaca 2010, a las
entidades financieras que operan en Aragón, con Ibercaja y CAI a la
cabeza. Desde numerosas empresas públicas y privadas hasta un voluntariado
que considero el principal legado del proyecto: una cultura de la
colaboración, la solidaridad y la entrega a los demás. En definitiva, una
apuesta por la preeminencia de los valores sobre los precios, en
consonancia con los principios que en su día inspiraron el nacimiento del
Movimiento Olímpico. No quiero terminar estas líneas sin
expresar mi gratitud más sincera a cuantos nos han acompañado en esta
aventura, y muy particularmente a nuestros colaboradores: un brillante
equipo técnico en el que a las órdenes de Manolo Fonseca han trabajado
duro y bien Luis Perales, Luis Millet, Katia Aznar, Ana Belén Jarne, José
Luis Larraz, Begoña López, Nieves Morlán, Montse Coll, Patricia Viu y
nuestros entrañables voluntarios Jose Mª Viñau, Félix Laín , Mariano,
Macarena, David, Blanca y una larguísima lista que estoy seguro no hará
sino crecer cuando inmediatamente comience a andar el nuevo proyecto
olímpico para el 2014.
Para esa expedición, que en esta ocasión partirá del
campo III, el Gobierno de Aragón acaba de dar el primer paso con su
decisión del pasado 3 de septiembre. Con la ayuda de todos lograremos
hacer cima. Seguro.
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