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opinión

Enero 2006. Por Álvaro Calvo Rapún. Delegado Territorial del Gobierno de Aragón en Huesca

Más voces y tantas veces, por el retorno de los bienes

Dijo Don Quijote: "Con la Iglesia hemos dado". Basta repasar la inmortal obra de Cervantes, con motivo de un centenario o sin él, para comprobar que a lo largo de los siglos, hemos corrompido esa frase al finalizarla habitualmente con el término "topado", atribuyendo un significado a la expresión y una doble intención anticlerical al autor, que muchos estudiosos niegan por completo.

Sin embargo, ante los últimos acontecimientos acerca del retorno de los bienes religiosos, históricos y artísticos aragoneses actualmente retenidos por el Obispo de Lérida, es muy posible que "el manco de Lepanto" disculpara esa distorsión del fragmento de su novela para
describir el sinsentido de cuanto está sucediendo.

Pero, ¿qué Iglesia es contra la que hemos "topado”? Con una parte muy concreta de sus representantes que, al parecer, actúan por su cuenta en diversos asuntos, como si disfrutaran de una bula.

Una posición insensible y egoísta avala esa retención de las piezas, agravada además tras la conocida determinación de los más altos tribunales de la Iglesia católica, a cuyo dictamen se sometió el asunto y que deben ser respetados en todo caso, procediendo a la devolución, como así ha exigido definitivamente el Gobierno de Aragón, sin fisuras, apoyando al Obispo de Barbastro-Monzón en la propiedad y posesión de los bienes.

Sin embargo, hay que tener muy presente que no se trata de un asunto personal del actual o del anterior Obispo leridano, sino que administraciones, asociaciones, personalidades y ciudadanos de allí, creyentes o no apoyan esa postura y le otorgan la fuerza que aún conserva. ¿Es que nosotros en Aragón, además de tener razón, no tenemos razones para apoyar y solidarizarnos con la reivindicación de la propiedad de los bienes del Obispo Milián en Barbastro-Monzón? Ahora parecen alzarse algunas voces como la del valiente párroco de Monzón. Sólo la Diputación Provincial de Huesca persevera. ¿y el Arzobispo de Zaragoza y los demás Obispos aragoneses -tan amigos de otras reivindicaciones-, pastorean esta grey o es que miran deliberadamente hacia otro lado? ¿y las facultades, departamentos, catedráticos y profesores de la Universidad de Aragón. No consideran valiosos o significativos esos bienes? ¿Y los intelectuales y colectivos, asociaciones culturales tan activas en la zona oriental? Excepto alguna honrosa excepción, nada.

Sólo los medios de comunicación están sosteniendo la firmeza necesaria, obligada, porque esos bienes se integran en el patrimonio común de los aragoneses y su retorno es cuestión, no sólo de titularidad y de Justicia, sino también de dignidad, de no dejarnos minusvalorar.
Despreciar, avasallar, ni por un Obispo, ni por nadie. A estas alturas, ya constituyen un símbolo y no ha sido por nuestra culpa.

No son precisas ni manifestaciones, ni concentraciones, ni absurdas polémicas territoriales, sino dejar bien patente que no vamos a reblar, hacer que se sienta esa rotundidad compartida, proseguir con tesón en otras causas pendientes (¿qué hay de los bienes de Sijena, y del Archivo de la Corona?) y aplicar el sentido común a la hora de buscar una solución airosa para todos, que garantice sin renuncias, la propiedad, el acceso y disfrute de ese patrimonio en Aragón.

Dicen los tópicos que los aragoneses somos tozudos. Por una vez, hagamos gala de esa fama y al tiempo, rompamos el conformismo y pasividad que quizá también componen nuestra idiosincrasia. La sentencia eclesiástica
puede no ser suficiente, si nos sentamos a esperar y si dejamos en soledad a quienes justamente demandan, demandamos, la restitución de esos bienes. Que hay que acudir a la vía civil, pues se acude; aunque dudo mucho que un Juez asuma responsabilidades en un pleito netamente canónico. Y si es preciso llegar a la vía penal, pues se llega, ¿no es una apropiación indebida?. A la postre ocho siglos se contemplan en alguno de esos tesoros, ¡Qué más da diez años, si la razón, se mire por donde se quiera, nos asiste!.

Pues adelante.

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