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Dijo Don Quijote: "Con la Iglesia hemos dado". Basta
repasar la inmortal obra de Cervantes, con motivo de un centenario o sin
él, para comprobar que a lo largo de los siglos, hemos corrompido esa
frase al finalizarla habitualmente con el término "topado", atribuyendo
un significado a la expresión y una doble intención anticlerical al
autor, que muchos estudiosos niegan por completo.
Sin embargo, ante los últimos acontecimientos acerca del retorno de los
bienes religiosos, históricos y artísticos aragoneses actualmente
retenidos por el Obispo de Lérida, es muy posible que "el manco de
Lepanto" disculpara esa distorsión del fragmento de su novela para
describir el sinsentido de cuanto está sucediendo.
Pero, ¿qué Iglesia es contra la que hemos "topado”? Con una parte muy
concreta de sus representantes que, al parecer, actúan por su cuenta en
diversos asuntos, como si disfrutaran de una bula.
Una posición insensible y egoísta avala esa retención de las piezas,
agravada además tras la conocida determinación de los más altos
tribunales de la Iglesia católica, a cuyo dictamen se sometió el asunto
y que deben ser respetados en todo caso, procediendo a la devolución,
como así ha exigido definitivamente el Gobierno de Aragón, sin fisuras,
apoyando al Obispo de Barbastro-Monzón en la propiedad y posesión de los
bienes.
Sin embargo, hay que tener muy presente que no se trata de un asunto
personal del actual o del anterior Obispo leridano, sino que
administraciones, asociaciones, personalidades y ciudadanos de allí,
creyentes o no apoyan esa postura y le otorgan la fuerza que aún
conserva. ¿Es que nosotros en Aragón, además de tener razón, no tenemos
razones para apoyar y solidarizarnos con la reivindicación de la
propiedad de los bienes del Obispo Milián en Barbastro-Monzón? Ahora
parecen alzarse algunas voces como la del valiente párroco de Monzón.
Sólo la Diputación Provincial de Huesca persevera. ¿y el Arzobispo de
Zaragoza y los demás Obispos aragoneses -tan amigos de otras
reivindicaciones-, pastorean esta grey o es que miran deliberadamente
hacia otro lado? ¿y las facultades, departamentos, catedráticos y
profesores de la Universidad de Aragón. No consideran valiosos o
significativos esos bienes? ¿Y los intelectuales y colectivos,
asociaciones culturales tan activas en la zona oriental? Excepto alguna
honrosa excepción, nada.
Sólo los medios de comunicación están sosteniendo la firmeza necesaria,
obligada, porque esos bienes se integran en el patrimonio común de los
aragoneses y su retorno es cuestión, no sólo de titularidad y de
Justicia, sino también de dignidad, de no dejarnos minusvalorar.
Despreciar, avasallar, ni por un Obispo, ni por nadie. A estas alturas,
ya constituyen un símbolo y no ha sido por nuestra culpa.
No son precisas ni manifestaciones, ni concentraciones, ni absurdas
polémicas territoriales, sino dejar bien patente que no vamos a reblar,
hacer que se sienta esa rotundidad compartida, proseguir con tesón en
otras causas pendientes (¿qué hay de los bienes de Sijena, y del Archivo
de la Corona?) y aplicar el sentido común a la hora de buscar una
solución airosa para todos, que garantice sin renuncias, la propiedad,
el acceso y disfrute de ese patrimonio en Aragón.
Dicen los tópicos que los aragoneses somos tozudos. Por una vez, hagamos
gala de esa fama y al tiempo, rompamos el conformismo y pasividad que
quizá también componen nuestra idiosincrasia. La sentencia eclesiástica
puede no ser suficiente, si nos sentamos a esperar y si dejamos en
soledad a quienes justamente demandan, demandamos, la restitución de
esos bienes. Que hay que acudir a la vía civil, pues se acude; aunque
dudo mucho que un Juez asuma responsabilidades en un pleito netamente
canónico. Y si es preciso llegar a la vía penal, pues se llega, ¿no es
una apropiación indebida?. A la postre ocho siglos se contemplan en
alguno de esos tesoros, ¡Qué más da diez años, si la razón, se mire por
donde se quiera, nos asiste!.
Pues adelante.