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Los vecinos de las ciudades disfrutamos de la comodidad
y costumbre de abrir el grifo y tener agua, por lo que no reparamos en
aspectos esenciales de ese servicio o de la trascendencia de un recurso
vital. En Huesca, esa percepción social debe cambiar o tendrá que
hacerlo forzosamente.
El agua es factor determinante para los asentamientos humanos, tanto en
su origen como en nuestros días. La ciudad de Huesca, además de la
posición defensiva en la colina que hoy coronan la Catedral y la
Universidad, acogió a los primitivos oscenses gracias al Isuela y a los
pozos y fuentes de todo su entorno. Después, se suministró de
manantiales algo más lejanos (San Julián, Las Paulesas), actualmente del
río Guatizalema por medio del embalse y traída de Vadiello, y en
adelante, será desde el Flumen en Montearagón. Sin embargo, pese esa
multiplicidad de captaciones y aunque no haya alcanzado el crecimiento
de otras ciudades que al principio no fueron mayores que ésta, Huesca se
encuentra ante una situación preocupante en cuanto a su abastecimiento
de agua. Se trata de una realidad que requiere acción, total prioridad y
en especial previsión cara al futuro.
Las razones que avalan esa afirmación son variadas. Por una parte, el
traído y llevado cambio climático puede provocar -hay quien lo asegura-
repetidas circunstancias de sequía similares o peores que la presente.
Por otra, no es la primera ni será la última vez que observamos con
mucha atención el descenso de nivel en Vadiello, ahora por debajo de 2,6
hectómetros (menos del 17%). El régimen del Guatizalema -el “río
tranquilo” de los árabes- es insuficiente y más teniendo en cuenta que
un alto porcentaje de cuanta agua resta en Vadiello es inútil por efecto
de la decantación o saturación hacia el fondo de sedimentos
especialmente calcáreos. Además, la preocupación debería tornarse
inquietud, ya que en recientes situaciones parecidas o más graves (1995
y 2002), la perspectiva inmediata era el otoño o invierno, pero en estos
días, de cara a la primavera y el verano, con el consiguiente incremento
de consumo y menor expectativa de lluvias constantes, se puede concluir
que estamos peor que nunca. Si seguimos a expensas sólo de Vadiello,
faltará agua quizá en agosto, quizá en octubre.
Finalmente, otra razón es la perspectiva de Montearagón. Deberá
transcurrir un plazo indeterminado hasta que Huesca se suministre desde
el nuevo embalse, merced a un túnel, traída y tratamiento cuyo coste se
estima cercano a 25 millones de euros (más de 4.000 millones de
pesetas). Igualmente, deberá comprobarse la explotación de una pieza de
regulación ideada como cola de un sistema de riegos de la Hoya que no
existe y en un río que no es el Ebro, claramente.
En esta situación, desde la representación del PAR en el Ayuntamiento de
Huesca, estamos aplicando la responsabilidad institucional y política.
Pienso que no es momento todavía de reproches de grupo, pese a que
compañeros de Corporación los expresen legítimamente en estas mismas
páginas, quizá contagiados de la precampaña anticipada ya en marcha. Es
momento de soluciones. Por nuestra parte, primero se ha querido llamar
la atención sobre el asunto, y se ha logrado tras semanas en que el
gobierno local le quitó importancia. De inmediato, se ha ofrecido
colaboración para afrontar el problema. Sin embargo, no hemos vuelto a
ser convocados sobre la cuestión y el Alcalde principalmente ha asumido
el compromiso de asegurar que habrá agua.
Con todo, resulta inconcebible que en la “España húmeda” que otros
pretendieron, toda una capital se encuentre en alarma. Pero no es menos
alarmante que, además de lo doméstico y la calidad de vida, se vea
seriamente en riesgo cualquier garantía de futuro. ¿Qué gran iniciativa
industrial o de ocio podrá fijarse en Huesca mientras mantengamos este
problema cíclico o crónico? La pregunta no es catastrofista sino
realista.
De la misma forma, es realista poner la vista sobre otros cauces y
cuestiones. ¿Quizá la solución definitiva pasaría por reactivar la
conexión Gállego-Montearagón para asegurar su llenado? ¿Qué regulaciones
o inversiones son necesarias con éste y otros fines perentorios?
Ante estas expectativas o certezas, y la condición extraordinaria de la
presente situación, miramos a otros cursos de agua que, aparte de los
subterráneos, son artificiales y creados gracias a las regulaciones. El
Canal del Cinca y Valdabra -hay que contar con sus usuarios- se apuntan
como opción, pero ¿llegaremos a tiempo? y además ¿será la garantía que
necesitamos? No estamos padeciendo episodios de turbidez por abundancia,
ni los remedios de emergencia -todavía en estudio a la hora de escribir
estas líneas- deberían anular la necesidad de tomar medidas que sirvan
no sólo para esta sequía, sino para las probablemente venideras y en
particular, a fin de que Huesca pueda presentar el agua como uno de sus
activos de desarrollo y atracción.
A este respecto, el primer implicado para ponerse en marcha es el
Ayuntamiento, no sólo por la atribución legal de plenas competencias en
abastecimiento, sino en función de su directa responsabilidad y en su
papel de trasladar a otras administraciones proyectos en firme. También
cumpliendo sus propios compromisos como el Plan global del agua donde,
entre otras propuestas, se planteaba eliminar las fugas (en la traída de
Vadiello y en la red de distribución) por las que perdemos ¡en torno a
un 40% del agua que sale del embalse! Hace poco, desde Jaca anunciaron
que sólo con mejorar parcialmente su red, habían reducido hasta un 33%
el consumo. Aquí aún nada.
Al final, como suele suceder, será un conjunto de decisiones en diversos
ámbitos, con la participación de todos, las que nos ofrezcan una salida.
Acciones “paliativas” como algunas de las que se anuncian -aunque
resulte toda una muestra del estado de la cuestión que haya que acudir a
pozos en desuso para regar jardines-, de ahorro, de mejora de todo el
ciclo, de emergencia y nuevos abastecimientos, pero también las que
levantan la mirada para ver el bosque y no sólo árboles, para ver lo que
interesa y no sólo los intereses. Las determinaciones inmediatas y de
futuro son indispensables.
Los oscenses no podemos permitirnos el lujo de vivir como si nada
importante para nuestro porvenir colectivo estuviera pasando. Y pasa,
claro que pasa, aunque abramos el grifo y salga agua todavía. Y pasa no
sólo en tiempo de sequía, sino todos los días. |