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opinión

18 de Abril 2005.
Fernando Lafuente Portavoz del Partido Aragonés en el Ayuntamiento de Huesca

Huesca también tiene sed

Los vecinos de las ciudades disfrutamos de la comodidad y costumbre de abrir el grifo y tener agua, por lo que no reparamos en aspectos esenciales de ese servicio o de la trascendencia de un recurso vital. En Huesca, esa percepción social debe cambiar o tendrá que hacerlo forzosamente.

El agua es factor determinante para los asentamientos humanos, tanto en su origen como en nuestros días. La ciudad de Huesca, además de la posición defensiva en la colina que hoy coronan la Catedral y la Universidad, acogió a los primitivos oscenses gracias al Isuela y a los pozos y fuentes de todo su entorno. Después, se suministró de manantiales algo más lejanos (San Julián, Las Paulesas), actualmente del río Guatizalema por medio del embalse y traída de Vadiello, y en adelante, será desde el Flumen en Montearagón. Sin embargo, pese esa multiplicidad de captaciones y aunque no haya alcanzado el crecimiento de otras ciudades que al principio no fueron mayores que ésta, Huesca se encuentra ante una situación preocupante en cuanto a su abastecimiento de agua. Se trata de una realidad que requiere acción, total prioridad y en especial previsión cara al futuro.

Las razones que avalan esa afirmación son variadas. Por una parte, el traído y llevado cambio climático puede provocar -hay quien lo asegura- repetidas circunstancias de sequía similares o peores que la presente. Por otra, no es la primera ni será la última vez que observamos con mucha atención el descenso de nivel en Vadiello, ahora por debajo de 2,6 hectómetros (menos del 17%). El régimen del Guatizalema -el “río tranquilo” de los árabes- es insuficiente y más teniendo en cuenta que un alto porcentaje de cuanta agua resta en Vadiello es inútil por efecto de la decantación o saturación hacia el fondo de sedimentos especialmente calcáreos. Además, la preocupación debería tornarse inquietud, ya que en recientes situaciones parecidas o más graves (1995 y 2002), la perspectiva inmediata era el otoño o invierno, pero en estos días, de cara a la primavera y el verano, con el consiguiente incremento de consumo y menor expectativa de lluvias constantes, se puede concluir que estamos peor que nunca. Si seguimos a expensas sólo de Vadiello, faltará agua quizá en agosto, quizá en octubre.

Finalmente, otra razón es la perspectiva de Montearagón. Deberá transcurrir un plazo indeterminado hasta que Huesca se suministre desde el nuevo embalse, merced a un túnel, traída y tratamiento cuyo coste se estima cercano a 25 millones de euros (más de 4.000 millones de pesetas). Igualmente, deberá comprobarse la explotación de una pieza de regulación ideada como cola de un sistema de riegos de la Hoya que no existe y en un río que no es el Ebro, claramente.

En esta situación, desde la representación del PAR en el Ayuntamiento de Huesca, estamos aplicando la responsabilidad institucional y política. Pienso que no es momento todavía de reproches de grupo, pese a que compañeros de Corporación los expresen legítimamente en estas mismas páginas, quizá contagiados de la precampaña anticipada ya en marcha. Es momento de soluciones. Por nuestra parte, primero se ha querido llamar la atención sobre el asunto, y se ha logrado tras semanas en que el gobierno local le quitó importancia. De inmediato, se ha ofrecido colaboración para afrontar el problema. Sin embargo, no hemos vuelto a ser convocados sobre la cuestión y el Alcalde principalmente ha asumido el compromiso de asegurar que habrá agua.

Con todo, resulta inconcebible que en la “España húmeda” que otros pretendieron, toda una capital se encuentre en alarma. Pero no es menos alarmante que, además de lo doméstico y la calidad de vida, se vea seriamente en riesgo cualquier garantía de futuro. ¿Qué gran iniciativa industrial o de ocio podrá fijarse en Huesca mientras mantengamos este problema cíclico o crónico? La pregunta no es catastrofista sino realista.

De la misma forma, es realista poner la vista sobre otros cauces y cuestiones. ¿Quizá la solución definitiva pasaría por reactivar la conexión Gállego-Montearagón para asegurar su llenado? ¿Qué regulaciones o inversiones son necesarias con éste y otros fines perentorios?

Ante estas expectativas o certezas, y la condición extraordinaria de la presente situación, miramos a otros cursos de agua que, aparte de los subterráneos, son artificiales y creados gracias a las regulaciones. El Canal del Cinca y Valdabra -hay que contar con sus usuarios- se apuntan como opción, pero ¿llegaremos a tiempo? y además ¿será la garantía que necesitamos? No estamos padeciendo episodios de turbidez por abundancia, ni los remedios de emergencia -todavía en estudio a la hora de escribir estas líneas- deberían anular la necesidad de tomar medidas que sirvan no sólo para esta sequía, sino para las probablemente venideras y en particular, a fin de que Huesca pueda presentar el agua como uno de sus activos de desarrollo y atracción.

A este respecto, el primer implicado para ponerse en marcha es el Ayuntamiento, no sólo por la atribución legal de plenas competencias en abastecimiento, sino en función de su directa responsabilidad y en su papel de trasladar a otras administraciones proyectos en firme. También cumpliendo sus propios compromisos como el Plan global del agua donde, entre otras propuestas, se planteaba eliminar las fugas (en la traída de Vadiello y en la red de distribución) por las que perdemos ¡en torno a un 40% del agua que sale del embalse! Hace poco, desde Jaca anunciaron que sólo con mejorar parcialmente su red, habían reducido hasta un 33% el consumo. Aquí aún nada.

Al final, como suele suceder, será un conjunto de decisiones en diversos ámbitos, con la participación de todos, las que nos ofrezcan una salida. Acciones “paliativas” como algunas de las que se anuncian -aunque resulte toda una muestra del estado de la cuestión que haya que acudir a pozos en desuso para regar jardines-, de ahorro, de mejora de todo el ciclo, de emergencia y nuevos abastecimientos, pero también las que levantan la mirada para ver el bosque y no sólo árboles, para ver lo que interesa y no sólo los intereses. Las determinaciones inmediatas y de futuro son indispensables.

Los oscenses no podemos permitirnos el lujo de vivir como si nada importante para nuestro porvenir colectivo estuviera pasando. Y pasa, claro que pasa, aunque abramos el grifo y salga agua todavía. Y pasa no sólo en tiempo de sequía, sino todos los días.

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