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Como en tantas ocasiones sucede en Huesca durante estos
años, hay temas (estancamiento industrial, atascos del tráfico,
aspiraciones universitarias, limpieza urbana, baches…) que después de
semanas de plena actualidad informativa, social y política, pasan a
segundo plano, se orillan y casi olvidan, sin que el problema haya sido
resuelto. De esta manera, la ciudad está condenada a encontrarse con el
mismo asunto negativo dentro de un tiempo y parece que giremos en
círculo, sin avanzar sobre muchas cuestiones.
Así ha sido hace poco, por ejemplo, con la masiva presencia de
estorninos sobre nuestras zonas verdes y sus lamentables efectos, aunque
de este penúltimo episodio sobre esas aves es preciso extraer algunas
consecuencias que cabría englobar. Sería el “síndrome estornino”.
En primer lugar, los actuales responsables municipales se comportan bajo
la presunta infalibilidad de sus apreciaciones y sus criterios de
gestión. El grupo de gobierno sienta cátedra con sus análisis y
perspectivas, y cualquier crítica política corre el riego de ser
laminada con una apelación a los últimos resultados electorales. Mayoría
absoluta, razón absoluta para enfocar su tarea con atención a los
ámbitos para los que mayor inclinación manifiestan (Cultura y culturas,
expansiones urbanísticas, propaganda,…) y para obviar o negar de plano
otros problemas y opciones. Es una perniciosa forma de ejercer la
responsabilidad institucional que se ha impuesto en estos últimos años
en Huesca, abriendo una distancia entre los hechos y las palabras, entre
la “verdad” oficial y la realidad. En concreto, este primer síntoma se
evidenció cuando, a pesar de la patente e insoportable suciedad de los
espacios arbolados y del penoso estado de bancos, juegos infantiles,
paseos,… en particular del Parque Miguel Servet, se adujo desde el
Palacio consistorial que “no se podía hacer nada” y punto, a otra cosa.
Sin embargo, en esta oportunidad, la rotunda reacción de entidades como
el Comité Local del PAR, el primer partido que planteó medidas
detalladas para afrontar este problema, alcanzó un eco notorio sobre el
que insistieron los medios de comunicación. Y aparece el segundo
síntoma. Entonces sí se anunció desde el gobierno local de este mandato,
la inmediata puesta en marcha de medidas adecentamiento de mobiliario,
paseos y plantas, podas preventivas, “refuerzo de los sistemas de
ahuyentamiento”,… Sólo unos titulares en prensa y unas fotografías
motivaron determinaciones. La realidad hasta que no fue publicada y se
convirtió en publicidad negativa, no existía. Se desmintieron a sí
mismos: se podía hacer más pero de nuevo, quisieron aparecer como
infalibles, aunque el Alcalde llegara a proponer la posibilidad de
suprimir bancos del Parque en invierno para evitar que se ensuciaran,
alegando que se usan poco...
Se limpió y se limpia, como exigimos desde el PAR y era evidente que se
debía actuar, pero no se asumió el error y -aquí surge el tercer
síntoma- se aprovechó la circunstancia para anunciar un nuevo “Plan
director del Parque”, justificado con sonoras declaraciones como la
“enorme presión” que soporta ese espacio verde, por culpa del tránsito
de personas en su interior. Se había encontrado un momento idóneo de
atención social, un argumento supuestamente rotundo y una salida
publicitaria, ocurrente y de largo recorrido, ya que cada vez que se
critique el estado del Parque se alegará “silencio, tenemos un plan”.
Sin embargo, en el pasado mandado (febrero de 2000), ya fue anunciado un
Plan integral para el Parque, con ambiciosas actuaciones: “jardín de
jardines”, recuperación de la idea original, creación de ambientes,
reintroducción de fauna, accesibilidad de discapacitados, conexión entre
áreas, mantenimiento, espacios de actividades, circuito educativo,… Este
Plan comenzó a desarrollarse de urgencia con la zona de las “gradas
verdes” que exigió convicción, imaginación y gestión desde el área de
Medio Ambiente, entonces regida por una representante del PAR, y obligó
a posponer otras inversiones como la mejora del arbolado en el
Parque-Bar. Después, en el presente mandato, nada se ha sabido, nada se
ha hecho y ahora, se inicia el proceso de elaboración de otro programa,
cuyo primer borrador naturalmente se asemeja mucho al anterior. A causa
del estornino, se manifiesta el cuarto síntoma de este gobierno local:
planes que duermen en un cajón, que no se cumplen ni existe intención de
ejecutar y anuncio de nuevos planes parecidos sólo como “parachoques”
ante las críticas. El año pasado, rechazaron la propuesta del PAR para
presupuestar la continuación de aquel Plan del 2000 y ahora preferirán
empecinarse en una aparente novedad, únicamente porque no podrían poner
su firma en cuanto se previó por consenso en el anterior mandato (el
Centro de Historia de la Ciudad es otro ejemplo). Sólo apariencias.
Llegados a este punto sólo falta, quizá llegue, un paso para completar
el “síndrome estornino”. El grupo de gobierno ha tomado como
procedimiento a su favor, solapar el debate municipal de cualquier
proyecto con su presentación ante agentes sociales y ciudadanos, a los
que “vende” sus pretensiones y utiliza como escudo de sus propias
posturas si el citado debate político se tuerce o no logra el
acatamiento de otros grupos del Ayuntamiento. ¿Sucederá con este “Plan
Director”? Es posible, aunque cada vez más se denuncian a sí mismos con
esta actitud y llegará el momento en que queden al descubierto.
Sabemos que hay otra forma de hacer política municipal, más eficaz, más
realista, más sensata, que libere a Huesca de estos círculos viciosos y
de estas actitudes ya viciadas. Otra forma de hacer que comienza por
detectar y revelar públicamente los síntomas de una enfermedad que de
ninguna manera debería convertirse en un mal crónico, aunque costará
sanar porque todo lo descrito está impregnando hasta el tuétano y
queriendo adormecer cualquier atisbo de vitalidad de nuestra ciudad. |