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opinión

Diciembre-2005.
Emilio Matías. Presidente del Comité Local de Huesca del PAR

El “síndrome estornino”

Como en tantas ocasiones sucede en Huesca durante estos años, hay temas (estancamiento industrial, atascos del tráfico, aspiraciones universitarias, limpieza urbana, baches…) que después de semanas de plena actualidad informativa, social y política, pasan a segundo plano, se orillan y casi olvidan, sin que el problema haya sido resuelto. De esta manera, la ciudad está condenada a encontrarse con el mismo asunto negativo dentro de un tiempo y parece que giremos en círculo, sin avanzar sobre muchas cuestiones.

Así ha sido hace poco, por ejemplo, con la masiva presencia de estorninos sobre nuestras zonas verdes y sus lamentables efectos, aunque de este penúltimo episodio sobre esas aves es preciso extraer algunas consecuencias que cabría englobar. Sería el “síndrome estornino”.

En primer lugar, los actuales responsables municipales se comportan bajo la presunta infalibilidad de sus apreciaciones y sus criterios de gestión. El grupo de gobierno sienta cátedra con sus análisis y perspectivas, y cualquier crítica política corre el riego de ser laminada con una apelación a los últimos resultados electorales. Mayoría absoluta, razón absoluta para enfocar su tarea con atención a los ámbitos para los que mayor inclinación manifiestan (Cultura y culturas, expansiones urbanísticas, propaganda,…) y para obviar o negar de plano otros problemas y opciones. Es una perniciosa forma de ejercer la responsabilidad institucional que se ha impuesto en estos últimos años en Huesca, abriendo una distancia entre los hechos y las palabras, entre la “verdad” oficial y la realidad. En concreto, este primer síntoma se evidenció cuando, a pesar de la patente e insoportable suciedad de los espacios arbolados y del penoso estado de bancos, juegos infantiles, paseos,… en particular del Parque Miguel Servet, se adujo desde el Palacio consistorial que “no se podía hacer nada” y punto, a otra cosa.

Sin embargo, en esta oportunidad, la rotunda reacción de entidades como el Comité Local del PAR, el primer partido que planteó medidas detalladas para afrontar este problema, alcanzó un eco notorio sobre el que insistieron los medios de comunicación. Y aparece el segundo síntoma. Entonces sí se anunció desde el gobierno local de este mandato, la inmediata puesta en marcha de medidas adecentamiento de mobiliario, paseos y plantas, podas preventivas, “refuerzo de los sistemas de ahuyentamiento”,… Sólo unos titulares en prensa y unas fotografías motivaron determinaciones. La realidad hasta que no fue publicada y se convirtió en publicidad negativa, no existía. Se desmintieron a sí mismos: se podía hacer más pero de nuevo, quisieron aparecer como infalibles, aunque el Alcalde llegara a proponer la posibilidad de suprimir bancos del Parque en invierno para evitar que se ensuciaran, alegando que se usan poco...

Se limpió y se limpia, como exigimos desde el PAR y era evidente que se debía actuar, pero no se asumió el error y -aquí surge el tercer síntoma- se aprovechó la circunstancia para anunciar un nuevo “Plan director del Parque”, justificado con sonoras declaraciones como la “enorme presión” que soporta ese espacio verde, por culpa del tránsito de personas en su interior. Se había encontrado un momento idóneo de atención social, un argumento supuestamente rotundo y una salida publicitaria, ocurrente y de largo recorrido, ya que cada vez que se critique el estado del Parque se alegará “silencio, tenemos un plan”.

Sin embargo, en el pasado mandado (febrero de 2000), ya fue anunciado un Plan integral para el Parque, con ambiciosas actuaciones: “jardín de jardines”, recuperación de la idea original, creación de ambientes, reintroducción de fauna, accesibilidad de discapacitados, conexión entre áreas, mantenimiento, espacios de actividades, circuito educativo,… Este Plan comenzó a desarrollarse de urgencia con la zona de las “gradas verdes” que exigió convicción, imaginación y gestión desde el área de Medio Ambiente, entonces regida por una representante del PAR, y obligó a posponer otras inversiones como la mejora del arbolado en el Parque-Bar. Después, en el presente mandato, nada se ha sabido, nada se ha hecho y ahora, se inicia el proceso de elaboración de otro programa, cuyo primer borrador naturalmente se asemeja mucho al anterior. A causa del estornino, se manifiesta el cuarto síntoma de este gobierno local: planes que duermen en un cajón, que no se cumplen ni existe intención de ejecutar y anuncio de nuevos planes parecidos sólo como “parachoques” ante las críticas. El año pasado, rechazaron la propuesta del PAR para presupuestar la continuación de aquel Plan del 2000 y ahora preferirán empecinarse en una aparente novedad, únicamente porque no podrían poner su firma en cuanto se previó por consenso en el anterior mandato (el Centro de Historia de la Ciudad es otro ejemplo). Sólo apariencias.

Llegados a este punto sólo falta, quizá llegue, un paso para completar el “síndrome estornino”. El grupo de gobierno ha tomado como procedimiento a su favor, solapar el debate municipal de cualquier proyecto con su presentación ante agentes sociales y ciudadanos, a los que “vende” sus pretensiones y utiliza como escudo de sus propias posturas si el citado debate político se tuerce o no logra el acatamiento de otros grupos del Ayuntamiento. ¿Sucederá con este “Plan Director”? Es posible, aunque cada vez más se denuncian a sí mismos con esta actitud y llegará el momento en que queden al descubierto.

Sabemos que hay otra forma de hacer política municipal, más eficaz, más realista, más sensata, que libere a Huesca de estos círculos viciosos y de estas actitudes ya viciadas. Otra forma de hacer que comienza por detectar y revelar públicamente los síntomas de una enfermedad que de ninguna manera debería convertirse en un mal crónico, aunque costará sanar porque todo lo descrito está impregnando hasta el tuétano y queriendo adormecer cualquier atisbo de vitalidad de nuestra ciudad.

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