Opiniones 2006

 Opiniones 2005

 Opiniones 2004

 Opiniones 2003

 Opiniones 2002

 

opinión

Heraldo de Aragón. 4-10-2004.
Antonio Ruspira Morraja. Diputado autonómico por el PAR y presidente de la Comisión de Medio Ambiente de las Cortes de Aragón.

¿Son compatibles desarrollo y medio ambiente?

Una de las principales preocupaciones que tenemos la mayoría de los ciudadanos europeos es la conservación del medio ambiente. Al mismo tiempo, deseamos cada vez mayor progreso y desarrollo en nuestros territorios o, cuando menos, no queremos renunciar a mantener el nivel de bienestar de que disfrutamos. En consecuencia, en lo que se coincide es en la necesidad de hacer compatible el desarrollo con la preservación del entorno, y en que el lógico aprovechamiento de nuestros recursos naturales no deje en herencia a las generaciones futuras la carga de una hipoteca medioambiental. Pero ¿es eso posible?

El Principio I de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, adoptada por los gobiernos participantes en esta cumbre de las Naciones Unidas celebrada en 1.992, proclama que “los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible y tienen el derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza”.

Sin duda, desde entonces las políticas que impulsan los distintos gobiernos o administraciones tienden cada vez más a procurar que esa compatibilidad sea posible. La preocupación medioambiental ya no es una moda. Es un concepto imprescindible en cualquier actividad económica y tiene mucha repercusión en distintos ámbitos: en el conjunto de la sociedad, en la prensa y, por supuesto, en el plano político. De ahí el impulso que han tomado importantes iniciativas ligadas con el desarrollo sostenible.

Lo cierto es que en muchas ocasiones es demasiado fina la línea que separa a las actuaciones de desarrollo respetuosas con el medio ambiente de aquéllas que no lo son. Por eso, las instituciones se encuentran a menudo con dificultades a la hora de gestionar determinados proyectos, tanto los referidos al desarrollo sostenible, por ejemplo al tratar de poner en marcha actuaciones como la Agenda 21 en los municipios, como al tener que tramitar implantaciones industriales, diseñar nuevas infraestructuras o autorizar aprovechamientos de recursos naturales.

A la vista de ello, es preciso que la balanza que mida el equilibrio entre el desarrollo y el medio ambiente funcione objetiva y ecuánimemente. El juego de pesas que dé fiabilidad a la balanza no puede ser otro que el marco jurídico-legislativo con que se ha dotado la sociedad.

Ese conjunto de normas y leyes que rigen –o las que se promulguen en el futuro- tiene que servir para evitar que determinados proyectos de desarrollo se vean sometidos continuamente a un debate estéril. Hay que eludir los grandes debates, que arrojan casi siempre resultados baldíos, pues las posiciones enfrentadas pueden provocar efectos indeseados, desde frenar el desarrollo hasta propiciar actuaciones negativas para el medio ambiente. La legislación y las prescripciones medioambientales son el instrumento objetivo y concreto al que nos tenemos que remitir siempre en aras de evitar entrar en debates que no conducen a ninguna parte y poder compatibilizar naturaleza y desarrollo.

Copyright © Partido Aragonés 2002-
Coso, 87 - 50001 - ZARAGOZA - Tlf: 976 200 616