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opinión

Junio-2006.
Antonio Ruspira Morraja. Vicepresidente del PAR y Diputado en Cortes

El Alto Aragón necesita implicación y objetivos renovados

La afirmación que da título a este texto es al mismo tiempo una llamada y un compromiso. Una llamada a todos los que estamos convencidos sobre la evolución favorable de la realidad específicamente altoaragonesa y respecto a sus enormes posibilidades de futuro, para alcanzar el grado de desarrollo y bienestar que constituye nuestras aspiraciones individuales, familiares y colectivas.

Un compromiso que asumo personalmente y en nombre del Partido Aragonés, del que soy vicepresidente por elección de su último congreso y diputado en Cortes gracias al apoyo de los ciudadanos de estas comarcas.

Considero que las responsabilidades con mis convicciones, mi tierra, las personas que aquí viven, el partido y la institución democrática en la que me integro, forman un todo e incluyen la obligación de aportar no sólo el máximo trabajo diario, sino propuestas e ideas para el conjunto de la sociedad. Demasiadas veces, el trajín de lo cotidiano nos impide situar los acontecimientos y las noticias en su justo contexto y con perspectiva de mayor alcance que la simple inmediatez, o dejamos en manos de otros “creadores de opinión” la labor de plantear nuevos horizontes y puntos de vista.

Después de tres años de legislatura debo reconocer mi cuota de autocrítica y expresar mi decisión en la necesidad de que estos meses sirvan para concretar realizaciones y abrir algunos debates -¿por qué no de programas?- en un momento clave para el Alto Aragón. Ahora, como escasas veces en nuestra Historia, comprobamos que demasiado lentamente y con carencias pero también sin pausa y con éxito, se cumplen objetivos como la dotación de infraestructuras, la generación de oportunidades en territorios hasta hace poco en declive, la inflexión en la tendencia demográfica, la entrada en servicio de instalaciones y equipamientos, la atención de las inversiones privadas... Hay razones para el optimismo, la ilusión y la confianza.

Sí, pero ¿hacia dónde? Es decir, ¿bajo qué conceptos y criterios, con qué fines, afrontamos esta nueva situación? Recordemos, por citar sólo un ejemplo, que la meta no es la apertura de una autovía, sino la creación de progreso gracias a la mejora de las comunicaciones. Siempre con un destinatario: las personas. En síntesis, hagamos lo posible para conseguir las herramientas pero después, tenemos que utilizarlas. En ambos procesos, la implicación social es importante, tanto a partir de entidades y agentes, como a través de la vertebración cívica y particularmente como ciudadanos. Se trata se sumar, de incorporar, también a la acción política.

Estas certezas no sólo encajan con el ideario del PAR, fundando hace casi treinta años, sino que son además una apuesta firme en su proyecto político que se marcó un nuevo punto de partida en 2003, que sigue vigente al objeto de obtener mayor respaldo social, contando con las características de esta formación en cuanto a la seriedad, la colaboración, la capacidad de dar estabilidad a las instituciones, la función central determinante. El “partido imprescindible”, como ya fue definido.

En cualquier caso, todos -y no sólo “los políticos”- nos encontramos ante una tarea que en el Alto Aragón necesariamente tiene que atender a cuestiones pendientes pero especialmente a las nuevas expectativas y posibilidades. Hay que renovar objetivos y debe ser una labor de todos.

Para ello, debemos ser plenamente conscientes en primer lugar, del protagonismo que merece y requiere este territorio por su identidad histórica aragonesa -ahora actualizada con el Estatuto de Autonomía en reforma-, su situación, su potencialidad, la calidad de su capital humano, su pluralidad -con diez comarcas heterogéneas de personalidad propia-… Desde aquí, podemos contribuir en mayor medida a nuestro desarrollo y también al de Aragón y España, sin los complejos o el fatalismo del pasado más reciente.

Por ello, además de “armarnos” con el optimismo, si queremos ser protagonistas, hay que concebir una transformación socioeconómica. En la primera parte del adjetivo, mediante esa implicación que he descrito y acuñando la integración social (inmigración, familia, mujer, mayores, juventud, discapacitados, vivienda,…) como esencial empeño común. En la segunda, la económica, tenemos que buscar y aprovechar los sectores ya emergentes de la actividad: las TICs, el turismo, la agroindustria y su valor añadido al sector primario, la logística industrial… Además, en sintonía con alguna mención anterior, el fomento de las comunicaciones y de sus impactos positivos, con la geografía y la intermodalidad entre otros factores beneficiosos. Finalmente, el acuerdo para el equilibro entre desarrollo y medio ambiente es ya insoslayable. Lo vemos con las obras hidráulicas, el futuro del Pirineo o la armonía de sectores económicos.

¿Cómo vamos a andar este camino? Apoyados, entre otros, en dos pilares dinámicos. Por una parte, las sinergias y compatibilidad de todos los recursos públicos y privados, que ya se expresa en Walqa, Aramón, Pirenarium, las plataformas de Huesca o Fraga y la enseñanza (es notable que hoy contemos con tres universidades: la UNED, el “campus” de la Universidad de Zaragoza y la Universidad San Jorge, además de los cursos de verano). Por otra parte, con un impulso a la colaboración entre instituciones, mirando a la Unión Europea en el ámbito mayor, con los gobiernos central y aragonés, hasta fijarnos en el papel de las nuevas comarcas o en los ayuntamientos, a su escala, como piezas de cohesión territorial.

Me permito una confesión: todo este panorama altoaragonés, aún resumido en pocos párrafos y sin matices, es apasionante. Más todavía para el PAR, ya que su participación en distintos departamentos del Gobierno de Aragón se corresponde con la prioridad otorgada a esos objetivos renovados: Presidencia y Relaciones Institucionales con el Vicepresidente del Gobierno y Presidente del PAR, José Angel Biel; Medio Ambiente; Industria, Comercio y Turismo; Servicios Sociales y Familia.

Además, los objetivos son perfectamente posibles. Algunos ya se están concretando y para muchos otros, hay que aplicar una actitud y voluntad tan sólida y compartida, como la que reúne a los aficionados latinoamericanos que, en este Mundial, animan a sus selecciones nacionales con el cántico de “¡sí se puede!”. Estoy seguro de que en el Alto Aragón, sí se puede. Sirvan esta llamada y este compromiso para plantearlo y, en el futuro, para demostrarlo.

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