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La afirmación que da título a este texto es al mismo
tiempo una llamada y un compromiso. Una llamada a todos los que estamos
convencidos sobre la evolución favorable de la realidad específicamente
altoaragonesa y respecto a sus enormes posibilidades de futuro, para
alcanzar el grado de desarrollo y bienestar que constituye nuestras
aspiraciones individuales, familiares y colectivas.
Un compromiso que asumo personalmente y en nombre del Partido Aragonés,
del que soy vicepresidente por elección de su último congreso y diputado
en Cortes gracias al apoyo de los ciudadanos de estas comarcas.
Considero que las responsabilidades con mis convicciones, mi tierra, las
personas que aquí viven, el partido y la institución democrática en la
que me integro, forman un todo e incluyen la obligación de aportar no
sólo el máximo trabajo diario, sino propuestas e ideas para el conjunto
de la sociedad. Demasiadas veces, el trajín de lo cotidiano nos impide
situar los acontecimientos y las noticias en su justo contexto y con
perspectiva de mayor alcance que la simple inmediatez, o dejamos en
manos de otros “creadores de opinión” la labor de plantear nuevos
horizontes y puntos de vista.
Después de tres años de legislatura debo reconocer mi cuota de
autocrítica y expresar mi decisión en la necesidad de que estos meses
sirvan para concretar realizaciones y abrir algunos debates -¿por qué no
de programas?- en un momento clave para el Alto Aragón. Ahora, como
escasas veces en nuestra Historia, comprobamos que demasiado lentamente
y con carencias pero también sin pausa y con éxito, se cumplen objetivos
como la dotación de infraestructuras, la generación de oportunidades en
territorios hasta hace poco en declive, la inflexión en la tendencia
demográfica, la entrada en servicio de instalaciones y equipamientos, la
atención de las inversiones privadas... Hay razones para el optimismo,
la ilusión y la confianza.
Sí, pero ¿hacia dónde? Es decir, ¿bajo qué conceptos y criterios, con
qué fines, afrontamos esta nueva situación? Recordemos, por citar sólo
un ejemplo, que la meta no es la apertura de una autovía, sino la
creación de progreso gracias a la mejora de las comunicaciones. Siempre
con un destinatario: las personas. En síntesis, hagamos lo posible para
conseguir las herramientas pero después, tenemos que utilizarlas. En
ambos procesos, la implicación social es importante, tanto a partir de
entidades y agentes, como a través de la vertebración cívica y
particularmente como ciudadanos. Se trata se sumar, de incorporar,
también a la acción política.
Estas certezas no sólo encajan con el ideario del PAR, fundando hace
casi treinta años, sino que son además una apuesta firme en su proyecto
político que se marcó un nuevo punto de partida en 2003, que sigue
vigente al objeto de obtener mayor respaldo social, contando con las
características de esta formación en cuanto a la seriedad, la
colaboración, la capacidad de dar estabilidad a las instituciones, la
función central determinante. El “partido imprescindible”, como ya fue
definido.
En cualquier caso, todos -y no sólo “los políticos”- nos encontramos
ante una tarea que en el Alto Aragón necesariamente tiene que atender a
cuestiones pendientes pero especialmente a las nuevas expectativas y
posibilidades. Hay que renovar objetivos y debe ser una labor de todos.
Para ello, debemos ser plenamente conscientes en primer lugar, del
protagonismo que merece y requiere este territorio por su identidad
histórica aragonesa -ahora actualizada con el Estatuto de Autonomía en
reforma-, su situación, su potencialidad, la calidad de su capital
humano, su pluralidad -con diez comarcas heterogéneas de personalidad
propia-… Desde aquí, podemos contribuir en mayor medida a nuestro
desarrollo y también al de Aragón y España, sin los complejos o el
fatalismo del pasado más reciente.
Por ello, además de “armarnos” con el optimismo, si queremos ser
protagonistas, hay que concebir una transformación socioeconómica. En la
primera parte del adjetivo, mediante esa implicación que he descrito y
acuñando la integración social (inmigración, familia, mujer, mayores,
juventud, discapacitados, vivienda,…) como esencial empeño común. En la
segunda, la económica, tenemos que buscar y aprovechar los sectores ya
emergentes de la actividad: las TICs, el turismo, la agroindustria y su
valor añadido al sector primario, la logística industrial… Además, en
sintonía con alguna mención anterior, el fomento de las comunicaciones y
de sus impactos positivos, con la geografía y la intermodalidad entre
otros factores beneficiosos. Finalmente, el acuerdo para el equilibro
entre desarrollo y medio ambiente es ya insoslayable. Lo vemos con las
obras hidráulicas, el futuro del Pirineo o la armonía de sectores
económicos.
¿Cómo vamos a andar este camino? Apoyados, entre otros, en dos pilares
dinámicos. Por una parte, las sinergias y compatibilidad de todos los
recursos públicos y privados, que ya se expresa en Walqa, Aramón,
Pirenarium, las plataformas de Huesca o Fraga y la enseñanza (es notable
que hoy contemos con tres universidades: la UNED, el “campus” de la
Universidad de Zaragoza y la Universidad San Jorge, además de los cursos
de verano). Por otra parte, con un impulso a la colaboración entre
instituciones, mirando a la Unión Europea en el ámbito mayor, con los
gobiernos central y aragonés, hasta fijarnos en el papel de las nuevas
comarcas o en los ayuntamientos, a su escala, como piezas de cohesión
territorial.
Me permito una confesión: todo este panorama altoaragonés, aún resumido
en pocos párrafos y sin matices, es apasionante. Más todavía para el
PAR, ya que su participación en distintos departamentos del Gobierno de
Aragón se corresponde con la prioridad otorgada a esos objetivos
renovados: Presidencia y Relaciones Institucionales con el
Vicepresidente del Gobierno y Presidente del PAR, José Angel Biel; Medio
Ambiente; Industria, Comercio y Turismo; Servicios Sociales y Familia.
Además, los objetivos son perfectamente posibles. Algunos ya se están
concretando y para muchos otros, hay que aplicar una actitud y voluntad
tan sólida y compartida, como la que reúne a los aficionados
latinoamericanos que, en este Mundial, animan a sus selecciones
nacionales con el cántico de “¡sí se puede!”. Estoy seguro de que en el
Alto Aragón, sí se puede. Sirvan esta llamada y este compromiso para
plantearlo y, en el futuro, para demostrarlo. |